Tiznado Noticias Blog Local Río San Miguel: primero lo movieron, después llegaron los permisos
Local

Río San Miguel: primero lo movieron, después llegaron los permisos

El cauce fue desplazado y convertido en un trazo mucho más rígido, dejando más terreno aprovechable para el desarrollo inmobiliario, pero también aumentando el riesgo de que el agua se concentrara y trasladara sus efectos hacia otros puntos. Después vinieron las inundaciones en La Victoria, obras públicas para corregir el cauce, una negativa de SEMARNAT y, finalmente, una autorización condicionada.


La historia del Río San Miguel junto a Las Riberas no comienza con los permisos ambientales de 2018 y 2019. Para entenderla hay que regresar varias décadas y distinguir algo fundamental: CONAGUA puede autorizar determinadas obras hidráulicas, pero eso no sustituye una autorización de impacto ambiental de SEMARNAT.


1993 | Nace Misión Veintiuno. La empresa Misión Veintiuno, S.A. de C.V. fue constituida en 1993 y posteriormente quedó vinculada al desarrollo inmobiliario de Las Riberas, en una zona directamente relacionada con el Río San Miguel, el Río Sonora y la presa Abelardo L. Rodríguez.
1994 | Se protege el sistema de presas. El Sistema de Presas Abelardo Rodríguez Luján–El Molinito quedó protegido mediante una declaratoria que comprendía aproximadamente 28,189 hectáreas.


2012 | CONAGUA permite determinadas obras hidráulicas. Misión XXI obtuvo autorización para un bordo perimetral y posteriormente aparece el oficio BOO.00.R03.0-0140, relacionado con la “habilitación del cauce Río San Miguel” durante un plazo de hasta 420 días.


Pero CONAGUA y SEMARNAT son autoridades distintas. CONAGUA interviene en aguas nacionales, cauces, zonas federales y determinadas obras hidráulicas. Una autorización de CONAGUA no equivale automáticamente a una autorización de impacto ambiental de SEMARNAT.
2014 | La reserva pierde casi 11 mil hectáreas. La superficie protegida pasó de aproximadamente 28,189 a 17,282 hectáreas: una reducción cercana al 39%. La reducción está documentada; atribuirla directamente a Las Riberas requeriría evidencia adicional.


2015 | El río cambia de lugar
Las imágenes satelitales de antes y después muestran una transformación evidente.


El Río San Miguel tenía originalmente un recorrido más sinuoso, irregular y extendido sobre su planicie natural. Después aparece desplazado hacia el oriente y contenido dentro de un cauce mucho más recto, rígido y artificial.


Ese cambio tuvo además una consecuencia inmobiliaria difícil de ignorar: al sacar el cauce de la parte central y llevarlo hacia un extremo, quedó una superficie mayor, continua y aprovechable del lado del desarrollo.


En términos inmobiliarios, un cauce pegado al límite del terreno permite aprovechar más superficie que un río sinuoso atravesándolo.
No hemos localizado un documento donde Misión Veintiuno declare expresamente que el objetivo era maximizar ganancias. Pero el efecto físico es visible: el río perdió espacio y el terreno urbanizable lo ganó.


Y ahí está el problema fundamental: la naturaleza no funciona conforme a la geometría que maximiza metros vendibles.


Un río tiene curvas, zonas de expansión y planicies de inundación porque durante una avenida necesita espacio. Al enderezarlo y confinarlo, el recorrido puede acortarse, el agua puede desplazarse con mayor velocidad y su energía puede concentrarse o trasladarse hacia otros puntos.
El agua que deja de ocupar una planicie natural no desaparece.


2015 | La Victoria se inunda. Ese mismo año se registraron graves inundaciones en La Victoria, El Tazajal y comunidades cercanas. Habitantes relacionaron públicamente las afectaciones con las modificaciones al Río San Miguel y los bordos construidos en la zona.


Sin un modelo hidráulico completo no sería responsable afirmar que el nuevo trazado fue la única causa de aquellas inundaciones. Pero la secuencia sí está documentada: primero se modificó el río, después ocurrió la inundación y posteriormente la autoridad tuvo que intervenir para volver a reencauzarlo.


2016 | Dinero público para corregir el cauce. CONAGUA destinó más de 9 millones de pesos para reponer bordos y rectificar aproximadamente 1.5 kilómetros del Río San Miguel como medida de protección para La Victoria. Para entonces, la propia autoridad reconocía que el cauce había sido previamente desviado.


2018 | Ahora sí llegan a SEMARNAT
El 29 de mayo de 2018, Misión Veintiuno presentó ante SEMARNAT la Manifestación de Impacto Ambiental del proyecto “Rectificación y Ampliación de Cauce de Río San Miguel”.


El propio expediente explica que las obras servirían no solamente para proteger áreas habitadas, sino también:
“como protección a futuros desarrollos que se asentarán en esa zona”.


CONAGUA encontró que 718.38 metros del proyecto se encontraban dentro de la zona comprendida entre el NAMO y el NAME de la presa Abelardo L. Rodríguez.


Su conclusión fue contundente:
“el proyecto propuesto no es compatible con los objetivos, criterios y programas de CONAGUA”.


SEMARNAT encontró además que la empresa no había evaluado adecuadamente los impactos que el desvío podía generar sobre el Río Sonora y la propia presa Abelardo Rodríguez.


16 de agosto de 2018 | SEMARNAT lo rechaza.
“NEGAR LA AUTORIZACIÓN SOLICITADA”.
Pero tampoco ahí terminó la historia.


Septiembre de 2018 | Presentan otro proyecto. Apenas semanas después, Misión XXI inició un nuevo procedimiento con modificaciones.
2019 | SEMARNAT termina autorizando condicionadamente. El nuevo expediente acabó con una autorización condicionada para concluir obras. La propia documentación posterior hace referencia a obras previamente ejecutadas y a la intervención y sanción de PROFEPA.


La cronología completa es difícil de ignorar: autorizaciones hidráulicas de CONAGUA → reducción del área protegida → desplazamiento y reagudización del río en 2015 → inundaciones en La Victoria → recursos públicos para reencauzarlo → solicitud ambiental ante SEMARNAT → negativa → nuevas obras y actuación de PROFEPA → nuevo expediente → autorización condicionada en 2019.
Y queda una pregunta central: ¿se diseñó el nuevo cauce pensando primero en el comportamiento natural del Río San Miguel o en liberar la mayor cantidad posible de terreno para el desarrollo inmobiliario?


No podemos afirmar todavía cuál fue la intención interna de quienes tomaron esa decisión. Pero sí podemos observar su resultado:
el desarrollo ganó terreno; el río perdió espacio; La Victoria terminó inundada; y años después las autoridades tuvieron que intervenir, negar proyectos, sancionar obras y finalmente autorizar condicionadamente una nueva solución.


Para Hermosillo, una ciudad de más de un millón de habitantes, lo que ocurra con el Río San Miguel no es un asunto privado de un fraccionamiento: es un tema de seguridad hidráulica, medio ambiente y futuro urbano para toda la ciudad.

ToMADO DE DANIEL HEALY EL REPORTERO H

Salir de la versión móvil