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Hermosillo si tiene agua, hay agua para 7 hermosillos más. El problema es quien la controla.

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Esta semana, las publicaciones sobre Las Riberas y el agua de Hermosillo superaron las 340,000 visualizaciones. El 77% de quienes nos leen están en Hermosillo.


La razón es sencilla: la gente ya entendió que el problema del agua no es problema de agua, es problema de poder.


¿Como 30-40 personas pueden tener más poder que un millón de personas que están en desacuerdo?


Durante años se le ha dicho a Hermosillo que “no hay agua”. Pero mientras miles de familias enfrentan baja presión, tandeos y escasez, existen grupos con acceso a pozos, grandes extensiones agrícolas, desarrollos inmobiliarios, lagos artificiales y campos de polo.


Entonces la pregunta cambia:


¿No hay agua, o el agua está concentrada y administrada en beneficio de unos cuantos?


El agua genera riqueza. La riqueza genera influencia. Y la influencia permite seguir interviniendo en decisiones políticas, nombramientos, consejos y políticas públicas.


Ese círculo debe investigarse.


Por eso también es indispensable revisar el papel de personajes como Jorge Cons y Renato Ulloa.


Renato Ulloa, como director de Agua de Hermosillo, tiene una responsabilidad pública: responder ante los ciudadanos de Hermosillo, no ante grupos empresariales ni ante quienes concentran grandes intereses alrededor del agua.


Y quienes participan o han participado en organismos y consejos relacionados con el agua, como Jorge Cons, también deben explicar con absoluta transparencia qué intereses representan cuando se toman decisiones sobre un recurso que pertenece a toda la ciudad.


Porque la sensación que existe entre cientos de miles de ciudadanos es exactamente la contraria: que las decisiones importantes no se toman pensando primero en la familia que abre la llave de su casa, sino en quienes tienen suficiente poder económico para sentarse en las mesas donde se decide.


Los funcionarios del agua no pueden responder solo a los millonarios del agua. Tienen que empezar ahora a responderle a al millón de habitantes de Hermosillo.


Y hay razones para exigir explicaciones.


Hemos documentado una historia alrededor de Las Riberas en la que aparecen ríos desplazados, cauces modificados, pozos reubicados y obras hidráulicas que terminaron acomodándose a las necesidades de un desarrollo inmobiliario.


Eso no significa que la relación empresarial sea ilegal. Significa que, cuando existe semejante concentración de intereses, la transparencia tiene que ser absoluta.


Porque mientras unos pueden mover pozos, modificar ríos y construir alrededor del agua, al resto de Hermosillo se le pide aceptar que el recurso simplemente “no alcanza”.


Eso es lo que resulta inaceptable.


No podemos seguir administrando la escasez para la mayoría mientras se protege la abundancia de una minoría.


Si el control del agua produce riqueza, y esa riqueza después se convierte en influencia política para conservar el mismo sistema, estamos frente a un círculo de poder que debe romperse.


El agua no puede seguir siendo una herramienta de opresión para mantener sometida a una ciudad mediante el miedo permanente a que se acabe.


Hermosillo necesita saber quién tiene el agua, cuánto tiene, para qué la utiliza, cuánto dinero produce con ella y qué influencia ejerce sobre quienes deberían regularla.


Después de 340,000 visualizaciones en una sola semana, y de una reacción mayoritariamente crítica hacia la forma en que se administra el agua en Hermosillo, ya no se puede tratar este tema como una inconformidad aislada.


Existe una demanda ciudadana clara por saber quién toma las decisiones, a quién benefician y por qué, en una ciudad donde el agua sigue siendo motivo de incertidumbre para tantas familias. Ver menos.

Tomado de Daniel Healy el reportero H

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