El periodista Juan Carlos Zúñiga lanzó una frase contundente en el programa con Aarón Tapia: “Toño Astiazarán ha fracasado en la administración de Agua de Hermosillo”. Cuando se revisan los números del organismo, resulta difícil desechar esa conclusión. Pero quizá la pregunta más importante no sea si Antonio Astiazarán, Renato Ulloa y Jorge Cons —presidente del Consejo Consultivo de Agua de Hermosillo— han fracasado al frente del agua de la ciudad. Tal vez antes habría que hacer una pregunta mucho más incómoda: ¿han fracasado para quién?
Porque un organismo puede ser un fracaso para cerca de un millón de habitantes y, al mismo tiempo, funcionar bastante bien para un pequeño grupo de usuarios con enorme peso económico y político.
Si el cliente de Agua de Hermosillo es el ciudadano común, el balance es muy difícil de defender. Cerca de un millón de habitantes dependen del organismo para algo tan elemental como abrir una llave y recibir agua. Sin embargo, Hermosillo arrastra una eficiencia física extraordinariamente baja, fugas constantes, problemas de presión, colonias con interrupciones y un organismo que vuelve a recurrir al financiamiento de corto plazo para resolver problemas de liquidez.
Fitch Ratings incluso ha señalado que Hermosillo mantiene una utilización intensa y creciente de financiamientos de corto plazo. La calificadora incluye obligaciones relacionadas con Agua de Hermosillo dentro de su análisis financiero del Municipio. Es decir, el problema de AguaH no termina en AguaH. Termina afectando la fotografía financiera de toda la ciudad.
Pero existe otra manera de observar el mismo sistema.
En Hermosillo existen grandes usuarios, agricultores, agroindustriales, desarrolladores, concesionarios y grupos económicos cuyos intereses relacionados con el agua se miden en millones de metros cúbicos. Muchos de ellos poseen algo que el ciudadano común prácticamente no tiene: organización, relaciones, representantes, acceso y capacidad para sentarse frente a quienes toman las decisiones.
Ahí aparece la gran paradoja.
Cerca de un millón de hermosillenses pueden estar inconformes, pero institucionalmente terminan convertidos en una sola categoría: los usuarios domésticos. Del otro lado existen unas cuantas decenas de actores económicos importantes, cada uno con nombre, empresa, representantes y capacidad individual de interlocución.
Un millón de personas pueden terminar contando como un usuario.
Treinta o cuarenta grandes intereses pueden contar como treinta o cuarenta.
Y todavía existe una diferencia más profunda: el ciudadano común tampoco participa en condiciones similares en el sistema político que termina nombrando a quienes administran el agua.
La inmensa mayoría de los hermosillenses no financia campañas, no tiene acceso directo a las dirigencias partidistas y no participa personalmente en las negociaciones donde se construyen candidaturas. Formalmente son los partidos quienes definen a sus candidatos, pero resulta evidente que determinados grupos económicos poseen una capacidad de interlocución, financiamiento e influencia política muy superior a la de cualquier ciudadano individual.
El ciudadano tiene un voto.
Un empresario importante puede tener también un voto, pero además relaciones, organizaciones empresariales, capacidad económica, interlocución política y acceso directo a funcionarios y dirigentes partidistas.
Y varios de esos actores económicos son precisamente agricultores, agroindustriales, desarrolladores, concesionarios o empresarios que utilizan, controlan o dependen de volúmenes enormes de agua.
Por eso resulta indispensable preguntar quién representa realmente al millón de usuarios domésticos dentro de las estructuras donde se discute el futuro del agua de Hermosillo.
Ese millón ni siquiera tiene claramente identificado a un consejero cuya función exclusiva sea sentarse en la mesa para defender sus intereses.
Mientras tanto, sí existen ejemplos de cómo el sistema responde cuando enfrente tiene un interlocutor poderoso. El caso de Las Riberas es particularmente revelador. En una sesión de la Junta de Gobierno de AguaH se discutió la reubicación de pozos y líneas que estaban dentro del desarrollo. Renato Ulloa habló expresamente del alto poder adquisitivo de la zona y de las molestias que generaba el ingreso del personal del organismo. Se encontró una solución, se negociaron obras y se movió infraestructura.
No necesariamente hubo nada irregular. Ese no es el punto.
El punto es que cuando un desarrollo de alto valor tuvo un problema con Agua de Hermosillo, el problema llegó hasta la mesa donde se toman las decisiones y terminó encontrando una solución.
¿Cuántas colonias populares pueden presumir ese mismo nivel de acceso?
También está el enorme peso de los grandes consumidores y concesionarios. El Distrito de Riego 051 Costa de Hermosillo concentra volúmenes incomparablemente superiores al uso urbano. Existen agricultores, empresas agroindustriales, ganaderas e industriales cuyos requerimientos se miden en miles o decenas de miles de metros cúbicos diarios.
Frente a esas cifras, el usuario doméstico parece pequeño.
Pero hay casi un millón de ellos.
Entonces quizá estamos midiendo mal el fracaso.
Si los clientes de Renato Ulloa son ese millón de habitantes, después de tantos años al frente del organismo resulta muy difícil hablar de éxito. Pero si quienes realmente tienen capacidad para hacerse escuchar dentro del sistema son los agricultores de gran escala, agroindustriales, grandes usuarios, desarrolladores, concesionarios y sectores económicos con acceso directo al organismo y al poder político, habría que preguntar cuántos de ellos están verdaderamente inconformes.
Porque no vemos a los grandes grupos empresariales encabezando una exigencia pública para remover a Renato Ulloa.
No vemos una rebelión de los principales usuarios económicos del agua.
No vemos a quienes manejan o dependen de enormes volúmenes denunciando todos los días que el sistema es insostenible.
Los inconformes son, principalmente, los ciudadanos.
Y entonces aparece una hipótesis incómoda: tal vez Agua de Hermosillo no está fracasando con todos sus clientes. Tal vez el sistema funciona mucho mejor para aquellos que tienen una silla, un representante, un teléfono directo o suficiente peso económico para hacerse escuchar.
Cuando falta dinero, además, la solución tampoco parece alterar profundamente ese equilibrio. Se busca otro crédito de corto plazo. Se consigue liquidez y el sistema sigue funcionando sin modificar de raíz su estructura.
El ciudadano, en cambio, recibe la fuga, el tandeo, la baja presión, la deuda y la explicación.
Por eso la frase de Juan Carlos Zúñiga quizá necesita una segunda parte.
Sí, para los ciudadanos Antonio Astiazarán, Renato Ulloa y quienes han encabezado la conducción de Agua de Hermosillo pueden haber fracasado.
Pero para los millonarios del agua habría que hacerles directamente la pregunta:
¿También consideran que Agua de Hermosillo ha sido un fracaso?
Porque quizá ellos están bastante contentos.
Y si cerca de un millón de hermosillenses seguimos aceptando un sistema donde quienes más necesitan representación son precisamente quienes menos acceso tienen a la mesa de decisiones, entonces quizá el fracaso más grande no sea únicamente del alcalde Antonio Astiazarán, de Renato Ulloa o de Jorge Cons.
Quizá también sea nuestro, por no haber exigido que el principal cliente de Agua de Hermosillo vuelva a ser quien siempre debió ser: el ciudadano.
Y usted, ¿cree que Agua de Hermosillo ha fracasado para todos… o solamente para los ciudadanos quienes no tienen asiento en la mesa donde se toman las decisiones?
Local
¿Fracaso para quién? Para los ciudadanos, sí. Para los millonarios del agua, quizá todo lo contrario.
- by Tiznado Noticias
- 8 septiembre, 2026
- 17 Views
- 15 horas ago


